Sobre Alaska
Alaska es la última frontera de América: un territorio dos veces más grande que Texas donde viven más osos que personas en muchas regiones, los glaciares paren icebergs frente a tus ojos y el sol de medianoche del verano se cambia en invierno por auroras boreales bailando sobre la nieve. El parque nacional Denali es la joya de la corona: seis millones de hectáreas de tundra salvaje alrededor del monte Denali (6.190 m, el pico más alto de Norteamérica), donde osos grizzly, alces, caribúes y lobos se ven desde los buses del parque. Kenai Fjords, cerca de Seward, ofrece la Alaska marina: cruceros entre glaciares que se desploman al mar, ballenas jorobadas, orcas, nutrias y frailecillos. En Glacier Bay y el Inside Passage —la ruta clásica de los cruceros desde Vancouver o Seattle— los fiordos se encadenan entre pueblos pesqueros como Juneau (la capital sin acceso por carretera), Ketchikan con sus tótems y Skagway, congelada en la fiebre del oro de 1898. Anchorage es la base urbana; desde ahí el Alaska Railroad recorre paisajes de otro planeta hasta Denali y Fairbanks, la capital mundial de las auroras boreales (de fines de agosto a abril). En Katmai, los osos pardos pescan salmones en las cascadas de Brooks Falls, la escena más famosa de la vida salvaje mundial (julio y septiembre). La mejor época: de junio a agosto para senderismo, fauna y sol de medianoche (15-22°C); de septiembre a abril para auroras. Se llega volando a Anchorage o Fairbanks, o en crucero por el Inside Passage de mayo a septiembre. El auto o el tren son esenciales para moverse. Presupuesto: USD 150-350/día (€140-320) — Alaska es cara; reservá alojamiento y tours de Denali con meses de anticipación.