Cabo Polonio es uno de los lugares más singulares no solo de Uruguay sino de América del Sur entera. Una pequeña aldea de pescadores y artistas en el departamento de Rocha que no tiene electricidad de red, no tiene agua corriente y solo es accesible en camiones 4x4 que cruzan varios kilómetros de dunas de arena. Esta radical desconexión, lejos de ser un inconveniente, es precisamente lo que convierte a Cabo Polonio en un destino de culto: aquí el tiempo se detiene, el cielo nocturno muestra estrellas que en la ciudad ya no se ven y el rugido del Atlántico es el único ruido que existe.
La lobería de Cabo Polonio es uno de los espectáculos naturales más impresionantes del continente: miles de lobos marinos de un pelo y lobos finos del sur se congregan en las rocas del cabo formando una de las colonias más grandes del Atlántico sur. El olor salino, el ruido ensordecedor de los animales y la imagen de cientos de ellos durmiendo apilados sobre las rocas mojadas es una experiencia que impacta todos los sentidos. Los lobos están protegidos dentro del Parque Nacional y los visitantes pueden acercarse a pocos metros siguiendo las instrucciones de los guardaparques.
El Faro de Cabo Polonio, construido en 1881 sobre un promontorio rocoso batido por el Atlántico, lleva más de 140 años iluminando esta costa agreste. Sus 26 metros de altura ofrecen desde la cúpula una vista de 360 grados: las dunas que se extienden hacia el interior, el océano infinito, la lobería en las rocas y la pequeña aldea con sus casas de madera y zinc. El ascenso por la escalera de caracol interior vale cada paso, especialmente al atardecer cuando la luz transforma el paisaje.
La aldea de Cabo Polonio tiene apenas unas pocas decenas de casas habitadas todo el año, una cifra que se multiplica en verano cuando artistas, mochileros y viajeros de todo el mundo llegan para desconectarse. Las velas y las lámparas de gas son la única iluminación nocturna, los pozos proveen el agua y la vida social gira en torno a los pocos bares y almacenes del pueblo. Esta austeridad radical genera una comunidad peculiar de personas que eligieron conscientemente vivir fuera del sistema, y el intercambio con ellas es parte fundamental de la experiencia.
Cabo Polonio se visita mejor entre noviembre y abril, cuando el clima permite disfrutar las playas y la temperatura nocturna es soportable en las cabañas sin calefacción. El acceso en los camiones 4x4 sale desde un punto en la Ruta 10 y el trayecto a través de las dunas ya es en sí mismo una experiencia memorable. Conviene llevar efectivo, repelente, protector solar, ropa de abrigo para las noches y una linterna: Cabo Polonio es uno de esos lugares donde la falta de comodidades no molesta sino que libera.
Uruguay es el país más progresista de América Latina. Marihuana legal y regulada. El mate es omnipresente. El chivito es el sándwich nacional. Punta del Este en enero es para ricos.