Sobre Isla de Pascua
La Isla de Pascua —Rapa Nui en lengua polinesia— es uno de los lugares más remotos y misteriosos del planeta, un territorio volcánico perdido en mitad del Océano Pacífico Sur a 3.700 kilómetros de la costa chilena y a 4.000 de Tahití, su vecina más cercana. Esta isla triangular de 163 kilómetros cuadrados, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es el hogar de los moais, las enormes estatuas de piedra volcánica que han capturado la imaginación del mundo entero y cuyo origen y función siguen siendo objeto de investigación y debate.
Los moais, con sus cuerpos truncados bajo tierra que solo dejan ver los rostros y torsos emergentes, fueron tallados entre los siglos XIII y XVI por los habitantes rapa nui en las canteras del volcán Rano Raraku, transportados hasta la costa y erigidos sobre las ahus (plataformas ceremoniales) mirando hacia el interior de la isla, vigilando a sus descendientes. El Ahu Tongariki, con sus 15 moais restaurados tras el tsunami de 1960, es la imagen más espectacular y fotografiada de la isla. El Ahu Akivi, cuyos 7 moais miran excepcionalmente hacia el mar, y el Ahu Tahai, junto al pueblo de Hanga Roa, son otros puntos imprescindibles.
La isla tiene una belleza natural salvaje y contundente: sus tres volcanes extintos —Terevaka, Poike y Rano Kau— crean paisajes lunares de lava solidificada, cráteres con lagunas de aguas verdes y acantilados que caen verticalmente sobre el Pacífico. Las playas de Anakena, con sus palmeras y su arena blanca, y Ovahe, de arena rosada, son las más espectaculares. El pueblo de Hanga Roa, único núcleo urbano de la isla, tiene una oferta gastronómica y de alojamiento sorprendentemente buena para su tamaño y aislamiento.