Piriápolis es el primer balneario planificado de Uruguay y uno de los más originales de América del Sur. Fue concebido y construido desde cero por Francisco Piria, un empresario visionario y excéntrico que a fines del siglo XIX compró miles de hectáreas de costa y sierras para crear su ciudad soñada. Piria plantó los bosques de eucaliptos que hoy rodean la ciudad, construyó el hotel más lujoso del país, diseñó las calles, instaló el primer teleférico del continente y hasta construyó un castillo medieval para vivir. El resultado es una ciudad con una personalidad única, más auténtica y familiar que Punta del Este, que conserva el encanto de los balnearios del siglo XX.
La geografía de Piriápolis es su gran diferencial: a diferencia de las playas planas de la costa atlántica, aquí los cerros bajan hasta el mar creando una bahía natural de gran belleza. El Cerro San Antonio, coronado por una cruz blanca, el Cerro del Toro y el Pan de Azúcar enmarcan la ciudad y la playa ofreciendo miradores naturales espectaculares. El Argentino Hotel, inaugurado en 1930 con un estilo art déco exuberante, domina el paseo marítimo y es en sí mismo un destino: su casino, su spa y su arquitectura de otro tiempo lo convierten en un emblema del Uruguay turístico de entreguerras.
El Castillo de Piria, ubicado en las sierras sobre la ciudad, es una de las excentricidades más fascinantes del Uruguay: Francisco Piria construyó esta residencia de estilo medieval europeo para sus experimentos de alquimia y como símbolo de su poder. Declarado Patrimonio Nacional, el castillo se puede visitar con guía y revela la personalidad extraordinaria de su fundador, un hombre que creía en la transmutación de los metales y en el poder de los astros tanto como en los negocios inmobiliarios. La historia de Piria es tan novelesca que merece su propia película.
El Cerro Pan de Azúcar, a pocos kilómetros de Piriápolis, es el cerro más emblemático del departamento de Maldonado: sus 589 metros de altura y la figura de Cristo en su cima —una réplica en pequeña escala del de Río de Janeiro— lo hacen visible desde decenas de kilómetros. El parque natural que lo rodea protege una flora serrana única con helechos, musgos y orquídeas silvestres, y el ascenso por los senderos señalizados tarda entre una y dos horas según la condición física.
Piriápolis tiene una escala humana que sus visitantes celebran: es lo suficientemente grande como para tener buena oferta gastronómica, comercial y de alojamiento, pero lo suficientemente pequeña como para recorrerse a pie sin agobio. La temporada alta va de diciembre a marzo, pero abril y mayo son meses especialmente recomendables: el mar sigue templado, los precios bajan y la ciudad vuelve a su ritmo tranquilo de balneario fuera de temporada. Los fines de semana del otoño son ideales para combinare la playa con caminatas por los cerros.