Sobre San Pedro de Atacama
San Pedro de Atacama es el pueblo más mágico y extremo de Chile, un oasis de adobe enclavado en el desierto más árido del mundo que ha logrado convertirse en uno de los destinos más fascinantes de América del Sur. A 2.440 metros de altitud en la Puna de Atacama, a 105 kilómetros de la frontera con Argentina y Bolivia, este pueblo de 5.000 habitantes es la base para explorar paisajes de una belleza extraterrestre: géiseres que humecan al amanecer a 4.500 metros, lagunas de sal con flamencos rosados, volcanes nevados de más de 6.000 metros, cañones de piedra roja y el cielo estrellado más nítido del planeta.
El Valle de la Luna, a 15 kilómetros de San Pedro, es el escenario más fotografiado del Atacama: formaciones de sal y yeso erosionadas durante millones de años por el viento crean una topografía lunar de crestas, dunas blancas y cañones que al atardecer se tiñen de naranja, rojo y violeta. El Valle de la Muerte, adyacente, tiene las dunas más altas del desierto. La Laguna Cejar, la Laguna Tebinquinche y las Lagunas Miscanti y Miñiques, a diferentes altitudes, ofrecen paisajes de agua turquesa en el desierto con los volcanes de fondo.
Los Géiseres del Tatio, a 95 kilómetros de San Pedro a 4.500 metros de altitud, solo funcionan con toda su potencia al amanecer: los chorros de vapor y agua caliente que se elevan varios metros son el espectáculo que justifica levantarse a las 4 de la mañana para llegar al amanecer. El Salar de Atacama, el tercer salar más grande del mundo, tiene la Laguna Chaxa con sus colonias de flamencos y una actividad minera de litio que convive con la protección ambiental.
San Pedro de Atacama tiene la menor contaminación lumínica del planeta, lo que convierte su cielo nocturno en el mejor del mundo para la astronomía aficionada: los telescopios de los observatorios locales permiten ver la Vía Láctea, los planetas y las nebulosas con una claridad imposible en cualquier otro punto habitable de la Tierra.