Sobre Tahití
Tahití es la puerta de entrada y el corazón de la Polinesia Francesa: una isla montañosa de selva exuberante, cascadas escondidas y playas de arena negra volcánica que sorprende a quienes esperan solo resorts. Papeete, su capital, concentra la vida polinesia real: el mercado municipal con pareos, aceite de monoi y flores de tiaré, los food trucks (roulottes) del puerto donde cenar poisson cru y chow mein por pocos francos, y el único semáforo del país. El interior de la isla es puro drama verde: el valle de Papenoo con sus cascadas, los acantilados de la costa este, y el mirador del Belvedere con vistas al monte Orohena (2.241 m, el techo de la Polinesia). En Teahupo'o, al sur, rompe una de las olas más famosas y pesadas del mundo, sede del surf olímpico de París 2024. Tahití Iti, la península menor, guarda los rincones más salvajes y auténticos. Las playas de arena negra de Punaauia y los jardines de coral de la laguna oeste completan la experiencia, siempre con el perfil de Moorea recortándose en el atardecer del otro lado del canal. La mejor época es de mayo a octubre (seca y fresca); de noviembre a abril hay más lluvia y humedad. Todos los vuelos internacionales llegan al aeropuerto de Faa'a, y desde ahí salen ferris a Moorea (30 min) y vuelos a todas las islas. Presupuesto: XPF 15.000-40.000/día (€125-335); las roulottes y pensiones ayudan a bajarlo.