Nueva York es la capital del mundo: la ciudad que aparece en más películas, canciones y sueños que ninguna otra, y que aun así logra superar las expectativas de quien la pisa por primera vez. Manhattan concentra los íconos: Times Square con sus pantallas vertiginosas, el Empire State y el observatorio de Top of the Rock (la mejor vista, porque incluye al Empire State), Central Park —872 hectáreas de calma entre rascacielos—, la Quinta Avenida, el One World Trade Center y el conmovedor Memorial del 11-S. La Estatua de la Libertad y Ellis Island se visitan en ferry desde Battery Park, aunque el ferry gratuito a Staten Island regala vistas comparables. Pero la magia real está en los barrios: el High Line, un parque elevado sobre vías de tren abandonadas que atraviesa Chelsea; SoHo y sus fachadas de hierro fundido; Greenwich Village con sus cafés y jazz; Williamsburg en Brooklyn con su escena hipster y las vistas desde el puente de Brooklyn al atardecer —el paseo peatonal más espectacular de la ciudad. Los museos son de otra liga: el MET, el MoMA, el Guggenheim, el Museo de Historia Natural. Y la comida: de los bagels y la pizza al slice a los restaurantes con estrellas, pasando por Chinatown, Little Italy y los food halls como Chelsea Market. El metro funciona 24 horas y llega a todos lados con la MetroCard/OMNY. La mejor época: abril-junio y septiembre-noviembre; diciembre es mágico con la Navidad pero helado. Presupuesto: USD 150-400/día (€140-370) —el alojamiento es lo más caro; considerá Long Island City o Brooklyn.
Subway 24h los 7 días. Propina 20% en restaurantes. El Statue of Liberty: reservar el acceso a la corona con meses de antelación. Happy hour 16–19h en muchos bares.