Descripción
Este arco marcaba históricamente uno de los accesos principales al recinto amurallado medieval de Braga, aunque su aspecto actual, en estilo barroco, data de una remodelación de 1772 impulsada por el arzobispo Gaspar de Bragança, quien durante su mandato promovió una renovación urbanística general de la ciudad que incluyó también buena parte del Jardim de Santa Bárbara y otros espacios públicos cercanos. Es uno de los pocos tramos que sobrevivió de las antiguas murallas medievales de la ciudad, la mayoría de las cuales se fueron demoliendo entre los siglos XVIII y XIX a medida que Braga crecía y ya no necesitaba una defensa amurallada, un destino que compartieron muchas ciudades portuguesas de tamaño mediano en ese mismo período de expansión urbana. Hoy funciona como una puerta simbólica más que defensiva, marcando la transición entre las calles más modernas de la ciudad y el entramado medieval del centro histórico que se extiende hacia la Catedral. Su ubicación, en un cruce peatonal muy transitado, lo convierte en un punto de referencia habitual para orientarse dentro del casco histórico, más que en una atracción que requiera una parada dedicada aparte. Consejos: está en pleno recorrido peatonal entre la estación y la Catedral, así que se ve casi de forma natural sin necesidad de un desvío especial; y de noche, iluminado, tiene un aspecto bastante distinto al diurno.