Descripción
Antes de ver un solo edificio de Petra, hay que caminar 1,2 km por esta grieta natural en la roca, formada por fuerzas tectónicas hace millones de años y después pulida por el agua, con paredes de hasta 80 metros de altura que en algunos tramos se estrechan a apenas 3 o 4 metros de ancho. Los nabateos, el pueblo árabe que construyó Petra hace más de 2.000 años, no se limitaron a usarla como entrada: tallaron canales de agua a los costados de todo el recorrido, un sistema de acueductos e ingeniería hidráulica tan avanzado que permitió sostener una ciudad entera en pleno desierto. El efecto teatral es exactamente el buscado: caminar entre esas paredes que casi tapan el cielo, sin ver nada más que roca durante 20-30 minutos, hasta que al final se abre una rendija angosta y aparece, enmarcada perfectamente, la fachada del Tesoro — una de las revelaciones arquitectónicas más impactantes que existen. Consejos: hacerlo caminando (hay opción de carruaje, pero se pierde buena parte de la experiencia y el detalle de las tallas laterales); ir temprano a la mañana, antes de que el sol pegue de lleno en el cañón y antes de las multitudes; y mirar hacia arriba y a los costados, no solo hacia adelante, hay tallas y nichos votivos fáciles de pasar por alto.