Descripción
El museo que Miró creó en vida para su ciudad es doble obra maestra: la colección —10.000 piezas entre pinturas, esculturas y los tapices gigantes de sus últimos años— y el edificio, un juego de volúmenes blancos mediterráneos con patios y terrazas que su amigo Josep Lluís Sert diseñó en la ladera de Montjuïc para que arte, luz y paisaje conversen: los Miró se ven con Barcelona de fondo. El recorrido repasa toda su evolución, del detallismo joven a las constelaciones y los grandes gestos finales, con piezas icónicas como la Fuente de Mercurio de Calder —creada para el mismo pabellón republicano de 1937 que el Guernica— y la terraza de esculturas para fotografiar la ciudad entre formas de colores. Es un museo luminoso, abarcable en dos horas y sin las multitudes del centro: la visita perfecta dentro de un día de Montjuïc, combinando con el MNAC y el Pavelló Mies van der Rohe. Se llega con el funicular desde Paral·lel (la estación queda a cinco minutos a pie) o caminando desde el MNAC por los jardines. Cerrado los lunes.