Descripción
Con 168 metros de largo, es la cancha de juego de pelota más grande jamás construida en toda Mesoamérica, para un deporte ritual —el pok-ta-pok— que combinaba competencia deportiva con significado religioso profundo: los jugadores debían pasar una pelota de hule sólido a través de aros de piedra ubicados a 8 metros de altura en las paredes laterales, usando solo caderas, rodillas y codos, sin manos. Los relieves tallados en la base de los muros muestran una escena inquietante: la decapitación ritual del capitán de uno de los equipos —los arqueólogos todavía debaten si era el perdedor o, más probablemente según interpretaciones recientes, el ganador, en un sacrificio considerado un honor supremo dentro de la cosmovisión maya. La cancha tiene además una propiedad acústica asombrosa: un susurro emitido desde un extremo se escucha con total claridad en el extremo opuesto, a 135 metros de distancia, un efecto que sigue sorprendiendo a los guías que lo demuestran en vivo frente a los visitantes. Consejos: pedile a tu guía (o probá vos mismo si no hay mucha gente alrededor) la demostración del eco, es una de las experiencias más memorables del sitio; y fijate en el Templo del Hombre Barbado, en un extremo de la cancha, con relieves poco explicados que generan bastante curiosidad entre los arqueólogos.