Descripción
Este palacio lo mandó construir a mediados del siglo XV Dom Afonso, primer duque de Braganza e hijo ilegítimo del rey Juan I, inspirándose en los palacios señoriales que había conocido durante sus viajes diplomáticos por Francia y Borgoña, lo que le dio al edificio un aire afrancesado poco habitual en la arquitectura portuguesa de la época, con altas chimeneas y techos a dos aguas muy pronunciados. Tras el traslado de la familia Braganza a otras residencias más al sur, el palacio quedó en un abandono progresivo durante siglos, llegando a usarse incluso como cuartel militar, hasta quedar prácticamente en ruinas hacia el siglo XX. Su restauración, llevada a cabo en los años 30 bajo el régimen de Salazar, fue una operación tan ambiciosa como cargada de intención política: el gobierno del Estado Novo la convirtió deliberadamente en un símbolo del pasado glorioso de la nación portuguesa, en una época en que el régimen buscaba reforzar activamente el nacionalismo histórico, lo que llevó a algunos historiadores a señalar después que la restauración fue más una reconstrucción idealizada que una recuperación estrictamente fiel al edificio original. Hoy funciona como museo con mobiliario y tapices de época, y ocasionalmente todavía recibe al presidente de la República como residencia oficial durante visitas protocolares al norte del país. Consejos: el interior se visita con entrada paga, mientras que el patio y los jardines exteriores tienen acceso libre; y las tapicerías flamencas del siglo XVI que decoran algunas salas son de las piezas más valiosas de toda la colección.