Descripción
Este pasadizo cerrado de piedra caliza blanca, suspendido a pocos metros sobre un canal angosto, conecta el Palacio Ducal con la antigua prisión de la ciudad — el trayecto que hacían los condenados después de ser juzgados. Lo construyeron en 1600 con ventanas enrejadas pequeñas, apenas suficientes para dejar pasar la luz, y de ahí nació su nombre: se dice que los presos suspiraban al cruzarlo, sabiendo que sería su última vista de Venecia y del sol antes de la celda. La leyenda romántica que circula hoy —que un beso bajo el puente en góndola al atardecer garantiza amor eterno— es bastante más moderna que la historia real del lugar, pero no impide que sea de los rincones más fotografiados de la ciudad. Se ve mejor desde afuera, desde el Ponte della Paglia, a orillas de la laguna, que desde adentro. Consejos: para cruzarlo por dentro hay que entrar al Palacio Ducal (incluido en su entrada); y de noche, iluminado y con menos turistas, es cuando mejor se aprecia desde el puente vecino.