Descripción
Extendido a los pies del Castillo de Praga, del lado opuesto del río respecto a la Ciudad Vieja, este barrio se desarrolló sobre todo después de un incendio devastador en 1541 que arrasó el asentamiento medieval original y obligó a reconstruir casi todo de cero — la reconstrucción que siguió, en pleno auge del barroco europeo, es la razón por la que hoy Malá Strana concentra algunos de los palacios barrocos mejor conservados de toda Europa central. A diferencia de la Ciudad Vieja, mucho más comercial y turística, acá el ritmo es notablemente más tranquilo: calles empedradas angostas, jardines de palacio abiertos al público (como los Jardines Wallenstein, con pavos reales sueltos caminando entre las fuentes) y numerosas embajadas extranjeras que hoy ocupan varios de esos antiguos palacios nobiliarios. La Iglesia de San Nicolás, con su cúpula verde inconfundible, domina la plaza principal del barrio y es considerada una obra maestra del barroco checo. Consejos: los Jardines Wallenstein tienen entrada gratuita pero horario limitado (cerrados en invierno); y subir a la torre de la Iglesia de San Nicolás da una vista distinta del Castillo, más cercana que desde cualquier otro punto de la ciudad.