Praga, la 'ciudad de las cien torres', es la capital de República Checa y uno de los centros históricos medievales mejor conservados de Europa, milagrosamente intacto después de las guerras que destruyeron gran parte del continente. El Castillo de Praga, la sede presidencial más grande del mundo, domina desde lo alto de Hradčany sobre la ciudad vieja con una panorámica de tejados rojos, cúpulas barrocas y el sinuoso Moldava que ningún otro punto de Europa replica. El Puente de Carlos, con sus 30 estatuas de santos barrocos y sus músicos callejeros, conecta las dos orillas uniendo 700 años de historia. El reloj astronómico de la Plaza de la Ciudad Vieja, construido en 1410, muestra cada hora el desfile de los 12 Apóstoles con una multitud de turistas expectantes. La ciudad también es el paraíso de la cerveza artesanal más barata de Europa.
Revisado por Equipo Paraviajeros el 26/06/2026
Praga tiene una de las redes de transporte público más eficientes y baratas de Europa central, integrada en un solo boleto: 3 líneas de metro (A, B y C), tranvías (incluido el histórico tranvía 22, que pasa por el Castillo y Malá Strana como si fuera un recorrido turístico) y buses, todos cubiertos por el mismo billete. El boleto básico de 30 minutos cuesta unas 30 CZK, el de 90 minutos unas 40 CZK, y para estadías de varios días conviene el pase de 24h (~120 CZK) o 72h (~330 CZK). Los billetes se compran en máquinas de las estaciones (aceptan tarjeta) o con la app PID Lítačka, y hay que validarlos al entrar: los controles son frecuentes y la multa por viajar sin validar es alta (unas 1.000 CZK in situ). El funicular de la colina de Petřín usa el mismo billete de transporte público.
La Prague Visitor Pass incluye transporte ilimitado (2, 3 o 4 días) más entrada a decenas de atracciones (Castillo, Torre de Petřín, cruceros por el río, algunos museos), y suele convenir a quien planea visitar varias atracciones de pago en pocos días. Para quien prioriza solo el Castillo, la entrada combinada "Circuito B" del Castillo de Praga (catedral, palacio real, basílica y callejón dorado) es más económica que pagar cada sitio suelto. Muchos museos estatales y galerías tienen entrada gratuita el primer domingo de mes o descuentos para estudiantes con carnet ISIC.
La cocina checa es contundente y pensada para el frío centroeuropeo: el svíčková (carne de res en salsa cremosa de vegetales con arándanos y knedlíky, un pan al vapor que reemplaza la papa) es el plato más representativo, junto al guláš servido también con knedlíky. La cerveza checa no es un detalle menor sino casi una institución nacional: el país tiene el consumo per cápita más alto del mundo, la Pilsner Urquell (originaria de Plzeň, a 90 km) inventó el estilo pilsner tal como se conoce hoy, y una cerveza de barril en un pub tradicional suele costar menos que una botella de agua. Los trdelník (masa enrollada, azucarada y a veces rellena, cocida sobre brasas) que se venden en la calle son populares entre turistas pero en realidad no son un dulce tradicional checo antiguo, sino una importación de Eslovaquia popularizada recientemente para el turismo — igual de rico, pero vale la pena saberlo antes de buscarlo como "lo típico de Praga".
La Ciudad Vieja y el Puente de Carlos están entre los lugares más fotografiados de Europa y se llenan de gente entre las 10 y las 18; visitarlos apenas amanece (antes de las 8) es la única forma real de tenerlos casi vacíos. La República Checa no usa el euro sino la corona checa (CZK): conviene tenerlo presente porque algunos locales muy turísticos del centro cobran en euros a un tipo de cambio desfavorable, así que pagar en coronas casi siempre sale más barato. El agua de la canilla es potable en toda la ciudad. Praga es una ciudad muy segura para caminar de noche, aunque como en cualquier destino masivo conviene cuidarse de carteristas en el metro y en las zonas más turísticas del centro.
La cerveza checa es la más barata y mejor de Europa. No cambiar euros en el aeropuerto (mal tipo). Praga Card para museos.