Descripción
El emperador Carlos IV mandó construirlo en 1357 para reemplazar un puente anterior arrasado por una inundación, y la leyenda cuenta que los constructores mezclaron yemas de huevo con el mortero de piedra para hacerlo más resistente — una historia sin comprobación científica real, pero tan popular que pueblos enteros de Bohemia habrían mandado carretas de huevos a Praga para la obra, según cuenta la tradición. De las 30 estatuas barrocas que lo bordean, la mayoría de las que se ven hoy son réplicas: los originales, deteriorados por siglos de intemperie y contaminación, se trasladaron a museos y se reemplazaron por copias idénticas a partir del siglo XX. Una de ellas, la de San Juan Nepomuceno —arrojado al río desde este mismo puente en 1393 por orden real, y patrono de quienes guardan secretos—, tiene una placa de bronce que se toca por tradición para asegurar un regreso a Praga; se ve pulida y brillante en contraste con el resto de la estatua, oxidada. Consejos: cruzarlo al amanecer, antes de las 8, es la única forma de tenerlo casi vacío; de día está permanentemente lleno de artistas callejeros, músicos y vendedores; y las dos torres góticas en los extremos se pueden subir con entrada paga para ver el puente desde arriba.