Descripción
La antigua judería de Sevilla es el laberinto encalado que todos imaginan cuando piensan en Andalucía: callejones donde los balcones casi se tocan (la calle Reinoso es 'la calle de los besos'), plazitas con naranjos y fuentes, rejas con geranios y patios entrevistos tras cancelas de hierro. Fue el barrio judío hasta el pogromo de 1391 y decayó durante siglos hasta que el regionalismo de 1920 lo restauró como escenografía perfecta — un poco escenografía es, pero funciona: perderse sin mapa entre la plaza de Doña Elvira, el callejón del Agua (donde vivió Washington Irving) y la plaza de Santa Cruz es el paseo esencial sevillano. Los imprescindibles escondidos: los Jardines de Murillo, la plaza de las Cruces con sus tres cruces de forja, y la casa de Murillo. Leyenda incluida: en la calle Susona, un azulejo con una calavera recuerda a la judía que traicionó a su padre por amor. Consejos: las terrazas de las plazas cobran 'impuesto de ubicación' — para tapear mejor, salí del núcleo hacia la calle Mateos Gago (la Bodega Santa Cruz 'Las Columnas' es institución). De noche, iluminado y vacío, el barrio es pura magia.