Descripción
Detrás de una fachada discreta junto al Guadalquivir se esconde uno de los conjuntos barrocos más impactantes de Andalucía — y una historia de novela: Miguel de Mañara, el noble sevillano que inspiró versiones del mito de Don Juan, tuvo una crisis espiritual tras enviudar y dedicó su vida y fortuna a esta hermandad que enterraba ahogados del río y cuidaba moribundos que nadie quería. Su iglesia es un sermón en imágenes diseñado por él mismo: te reciben los dos 'Jeroglíficos de las postrimerías' de Valdés Leal —el 'In ictu oculi' con la muerte apagando la vela y el obispo pudriéndose en su ataúd, de lo más macabro y magistral del barroco europeo (Murillo dijo que había que taparse la nariz al mirarlo)— y te consuelan después los Murillos de la misericordia, pintados por el maestro para este lugar exacto. La hermandad sigue activa: el hospital aún acoge ancianos, 350 años después. Poca gente lo visita y es un error mayúsculo: media hora acá vale por un museo entero. A dos pasos de la Torre del Oro y la Maestranza.