Descripción
La isla donde nació París: acá acamparon los parisii celtas, acá pusieron los romanos su Lutecia, y acá se concentró durante mil años todo el poder — la corona, la justicia y la Iglesia en 22 hectáreas con forma de barco anclado en el Sena. El inventario es abrumador: Notre-Dame (reabierta y restaurada tras el incendio de 2019, con la piedra rubia como nueva), la Sainte-Chapelle y sus vitrales, la Conciergerie donde esperó la guillotina María Antonieta, el mercado de flores centenario, y el Pont Neuf en la proa. Pero la isla guarda también rincones sin multitud: la place Dauphine, triangular y aldeana, donde se juega a la petanca a metros del gentío; el square du Vert-Galant en la punta, el mejor picnic al ras del agua de París; y en la popa, escondido, el memorial de los deportados. Cruzando el puentecito de San Luis está la otra isla, Saint-Louis, un pueblo del siglo XVII intacto con el helado más famoso de la ciudad (Berthillon). Recorrela temprano, cuando las torres de Notre-Dame recién se encienden y la isla vuelve a ser de los que la habitan.