Descripción
A cien metros del Louvre se esconde el secreto mejor guardado del centro de París: el palacio de Richelieu —que al morir legó al rey, de ahí el nombre— con sus jardines encerrados entre galerías del siglo XVIII, un rectángulo de calma perfecta que los turistas pasan de largo. La historia del lugar es novelesca: acá creció Luis XIV, acá funcionó el primer centro comercial del mundo cuando el duque de Orleans llenó las galerías de tiendas, cafés y casas de juego (la policía no podía entrar, propiedad real), y en el café de Foy arrancó literalmente la Revolución: Camille Desmoulins se subió a una mesa el 12 de julio de 1789 y llamó a las armas. Hoy es puro placer: las columnas rayadas de Buren en el patio de honor (el escándalo artístico de 1986, hoy la foto favorita de todos), el jardín con sus rosales y tilos perfectos, las galerías con anticuarios, la tienda de condecoraciones más antigua de Francia y restaurantes históricos como el Grand Véfour, donde comieron Napoleón y Victor Hugo. Entrada libre y gratuita. Al lado, la Comédie-Française y las galerías cubiertas (Vivienne, a cinco minutos) completan el paseo más elegante de París.