Descripción
El 'Puente Nuevo' es —chiste obligatorio— el más viejo de París: Enrique IV lo inauguró en 1607 y fue revolucionario por lo que NO tenía: casas encima, como todos los puentes medievales. Por primera vez los parisinos podían cruzar el Sena mirando el río, y el puente se volvió el lugar de la ciudad: vendedores, saltimbanquis, carteristas y paseantes en las 'balcones' semicirculares sobre cada pilar, que siguen siendo el mejor asiento para ver correr el Sena. Sus 381 mascarones grotescos —caras burlonas talladas, todas distintas— vigilan el agua desde hace cuatro siglos; la estatua ecuestre de Enrique IV en el medio fue la primera estatua real en un espacio público de Francia (la Revolución la fundió; la actual se rehízo con el bronce de estatuas de Napoleón — ironías francesas). Cruza el Sena por la punta de la Île de la Cité: bajá a la plaza triangular Dauphine y al square du Vert-Galant, la proa arbolada de la isla al ras del agua, el picnic con más pedigrí de París. Christo lo envolvió en tela dorada en 1985; no hizo falta: iluminado de noche, con el Louvre al fondo, se basta solo.