Descripción
La torre dodecagonal que vigila el Guadalquivir desde 1220 es uno de los últimos testigos de la Sevilla almohade: formaba parte de la muralla y cerraba el puerto con una cadena tendida hasta la otra orilla — la leyenda dice que su nombre viene del brillo dorado de sus azulejos, aunque los estudios apuntan al revoque de cal y paja que reflejaba el sol sobre el río. Por este muelle entraron durante dos siglos los tesoros de América: Sevilla tenía el monopolio del comercio con las Indias y la torre custodiaba el oro que llegaba en la Flota — de ahí que la explicación popular nunca muera. Hoy aloja un pequeño museo naval (entrada simbólica, gratis los lunes) y un mirador con vista al río y a Triana enfrente. El mejor plan alrededor: pasear el muelle al atardecer cuando la torre se enciende dorada de verdad, tomar algo en las terrazas de la orilla, o embarcarte en el crucero por el Guadalquivir que sale a sus pies (~1 hora). Combina con la Maestranza —la plaza de toros más bonita de España, a 200 metros— y el puente de Triana.