Revisado por Equipo Paraviajeros el 30/08/2026
La Línea 1 del metro de Nápoles es famosa por sus "estaciones del arte" (stazioni dell'arte): varias paradas, como Toledo o Municipio, fueron diseñadas por arquitectos y artistas de primer nivel y ganaron premios internacionales de diseño, al punto de que hay turistas que bajan a mirar el metro sin siquiera viajar en él. Cuatro líneas de funicular, con vagones amarillos que son casi tan fotografiados como el metro, suben desde el centro hasta el barrio de Vomero, en lo alto de una de las colinas de la ciudad. El aeropuerto de Capodichino está a apenas unos 20 minutos en bus (Alibus) del centro, uno de los aeropuertos más céntricos de toda Europa. Para salir de la ciudad hacia Pompeya, Herculano o Sorrento, el tren regional Circumvesuviana es la opción más económica, aunque tiene fama merecida de estar bastante deteriorado y de ser un objetivo frecuente de carteristas.
La Campania Artecard combina transporte público con entrada a museos y sitios arqueológicos de toda la región (Nápoles, Pompeya, Herculano, Paestum), con distintas versiones según cuántos días y sitios se quieran cubrir, y suele convenir a quien piense visitar más de dos o tres atracciones pagas. Pompeya y Herculano también venden un ticket combinado entre ambos sitios, más barato que pagar cada entrada por separado. El Museo Arqueológico Nacional y Napoli Sotterranea no suelen estar incluidos en los combos más básicos, así que conviene revisar bien qué cubre cada tarjeta antes de comprarla.
Además de la pizza (ver el lugar dedicado en la sección de lugares turísticos), Nápoles tiene una repostería propia muy reconocida: la sfogliatella, un hojaldre relleno de crema de sémola y ricota con forma de concha, existe en dos versiones —"riccia" (crocante, de hojaldre) y "frolla" (más blanda, de masa quebrada)— y genera discusiones tan apasionadas como cualquier debate futbolero sobre cuál es mejor. El babà, un bizcocho esponjoso empapado en almíbar de ron, es otro clásico de las pastelerías napolitanas. El café napolitano se toma fuerte y en tacitas chicas, y existe la tradición del "caffè sospeso" (café pendiente): quien puede pagarlo, deja pagado un café de más para que cualquier persona que no pueda pagarlo lo tome gratis, una costumbre solidaria centenaria que sobrevive en varios bares históricos de la ciudad.
El tránsito de Nápoles tiene fama merecida de caótico: los semáforos y las sendas peatonales funcionan más como sugerencia que como regla, y cruzar la calle con decisión (sin dudar a mitad de camino) es, contraintuitivamente, la forma más segura de hacerlo. La percepción de inseguridad de Nápoles suele ser peor que la realidad en las zonas turísticas del centro, aunque como en cualquier ciudad grande conviene evitar barrios alejados y poco iluminados de noche, y prestar atención especial a los carteristas en el transporte público y en zonas muy concurridas. La cultura de la superstición está muy arraigada en la vida cotidiana napolitana: el "cornicello", un amuleto rojo con forma de cuerno, se vende en cada esquina como protección contra el mal de ojo, y no es raro verlo colgado en autos, negocios y hasta collares. El clima mediterráneo de Nápoles hace que el verano sea muy caluroso y húmedo por la cercanía del mar; la primavera y el otoño son las estaciones más cómodas para caminar la ciudad.
Cruzar la calle con decisión. Cuidado con carteristas en transporte público y el tren a Pompeya. El cornicello rojo es amuleto tradicional contra el mal de ojo.