Descripción
Cruzando el Vístula desde Kazimierz —el puente peatonal de Bernatek, con sus acróbatas suspendidos, es la entrada linda— Podgórze guarda la capa más dura de la historia de Cracovia: acá los nazis encerraron el gueto en 1941, y las huellas están cuidadas con una sobriedad que conmueve. La plaza de los Héroes del Gueto es un memorial de 70 sillas de hierro vacías, recordando los muebles abandonados en las liquidaciones; en una esquina sobrevive la Farmacia del Águila, del polaco Tadeusz Pankiewicz, que se negó a irse y convirtió su botica en refugio y enlace (hoy museo chico y extraordinario); a metros quedan tramos del muro del gueto, y a diez minutos, la fábrica de Schindler. Pero Podgórze no es solo memoria: es un barrio auténtico y en alza, con el montículo de Krakus —un túmulo prehistórico con la mejor vista panorámica gratuita de Cracovia, al atardecer es un plan de locales— y la iglesia neogótica de San José presidiendo el mercado del barrio. La cantera de Liban, escenografía natural abandonada donde Spielberg recreó el campo de Płaszów, cierra el circuito para los que quieren ir más hondo.