Descripción
Terminado en 1894, es de los pocos puentes basculantes del mundo que todavía se levanta con regularidad para dejar pasar barcos altos por el Támesis, un mecanismo hidráulico original que hoy funciona con motores eléctricos pero conserva la maquinaria victoriana original como pieza de museo dentro de las torres. Se confunde todo el tiempo con el más sobrio London Bridge, un puente sin torres ubicado un poco río arriba — la confusión es tan común que dio pie a una anécdota (probablemente exagerada, pero que se sigue contando) sobre un empresario estadounidense que en 1968 compró el viejo London Bridge para trasladarlo piedra por piedra a Arizona, convencido de que estaba comprando el famoso puente de las torres neogóticas. Desde 2014 se puede caminar por una pasarela de vidrio a 42 metros de altura entre las dos torres, con el tráfico y el río pasando literalmente bajo los pies. Consejos: el horario de apertura del puente (cuando levanta las hojas para dejar pasar barcos) está publicado online, y verlo abrirse en vivo es una experiencia aparte de solo cruzarlo; y la entrada al museo interior con la pasarela de vidrio y la sala de máquinas es paga, separada de simplemente cruzar el puente caminando gratis por la vereda.