Descripción
Lo que hoy es un símbolo de Milán empezó como una fortaleza de los Visconti en el siglo XIV, fue arrasada por una revuelta popular en 1447 y reconstruida casi de inmediato por Francesco Sforza, quien le dio el nombre y la escala actual. Leonardo da Vinci trabajó en el castillo durante su etapa milanesa, pintando los frescos de enredaderas entrelazadas de la Sala delle Asse, redescubiertos recién en 1893 bajo capas de pintura posteriores. La torre central, el Torrione del Filarete, es en realidad una reconstrucción de comienzos del siglo XX: la original se destruyó en 1521 cuando un depósito de pólvora explotó accidentalmente en su interior. Hoy el castillo alberga varios museos bajo un mismo techo, entre ellos la Pinacoteca del Castello y el Museo de Arte Antiguo, que en su última sala guarda la Pietà Rondanini, la escultura en la que Miguel Ángel trabajó hasta pocos días antes de morir en 1564 y que dejó deliberadamente inconclusa. Detrás del castillo arranca el Parco Sempione (ver más abajo). Consejos: el patio y los jardines exteriores son gratuitos y se pueden recorrer sin entrada a los museos; para ver la Sala delle Asse y la Pietà Rondanini sí hace falta pagar entrada.