Descripción
Construido a mediados del siglo XVI en plena ladera de la sierra, este convento franciscano se pensó desde el inicio para el retiro espiritual más extremo posible: en vez de un edificio único, se distribuyeron por toda la montaña pequeñas ermitas individuales apenas conectadas por senderos estrechos, donde cada monje vivía casi en aislamiento total, en contacto directo con la naturaleza salvaje de la sierra en vez de con una comunidad monástica convencional. La elección del lugar no fue casual: la combinación de aislamiento geográfico, vistas dramáticas sobre la bahía y el estuario del Sado, y una vegetación mediterránea que en nada se parece al resto del paisaje portugués, convertía a este sitio en un entorno ideal para la contemplación religiosa según la sensibilidad de la época. Con el paso de los siglos y la disolución de las órdenes religiosas en Portugal en el siglo XIX, el convento quedó abandonado y hoy se conserva parcialmente en ruinas, aunque sigue siendo posible visitarlo con recorridos guiados que explican tanto su historia religiosa como el valor ecológico único de la sierra que lo rodea. Desde los miradores cercanos al convento se obtienen algunas de las vistas más espectaculares de toda la costa de la región de Setúbal. Consejos: el acceso al convento suele requerir reserva previa o visita guiada, no es de entrada libre; y conviene combinar la visita con alguna de las playas cercanas de la Arrábida, ya que están a pocos minutos en auto.