Descripción
Esta larga lengua de arena, separada de Setúbal por la boca del estuario del Sado, se cruza en un ferry de apenas unos 15 minutos que en sí mismo ya es parte de la experiencia: no es raro divisar durante la travesía a alguno de los delfines mulares que habitan de forma permanente en el estuario, una de las pocas poblaciones residentes de esta especie que sobreviven tan cerca de una ciudad en toda Europa. Bajo la arena de Tróia se esconde un yacimiento arqueológico romano de gran importancia, las Ruinas Romanas de Tróia, que funcionaron durante siglos como un centro industrial dedicado a la salazón de pescado y a la producción de garum, una salsa fermentada de pescado muy apreciada en todo el Imperio Romano y que se exportaba desde aquí a otras provincias del imperio, un dato que revela que esta costa ya era un centro económico relevante casi 2.000 años antes del turismo actual. Hoy la península combina ese pasado arqueológico con playas extensas de arena fina y un desarrollo hotelero más moderno, generando un contraste llamativo entre ruinas de casi dos milenios y resorts contemporáneos a pocos metros de distancia. Consejos: el ferry para pasajeros sale con frecuencia desde el centro de Setúbal y es la forma más rápida de cruzar, sin necesidad de rodear en auto por tierra; y las ruinas romanas tienen entrada paga y horarios limitados, conviene chequear el horario antes de planificar la visita.