Descripción
No nació como palacio sino como ayuntamiento, construido entre 1648 y 1665 en plena época dorada del comercio holandés, cuando Ámsterdam necesitaba una sede de gobierno a la altura de su riqueza. El terreno, blando y pantanoso como toda la ciudad, obligó a clavar 13.659 pilotes de madera bajo los cimientos para poder sostener semejante mole de piedra — una cifra tan famosa en la cultura holandesa que todavía hoy existe un dicho local sobre "quién puede contar los pilotes de Ámsterdam" para referirse a algo imposible de verificar. Se convirtió en palacio recién en 1808, cuando Luis Napoleón Bonaparte, hermano de Napoleón e instalado como rey de Holanda, decidió mudarse ahí y echar al gobierno municipal a otro edificio. Hoy sigue siendo propiedad de la Corona holandesa y se usa para recepciones oficiales, aunque la familia real ya no vive ahí de forma permanente. Consejos: el interior solo se puede visitar cuando no hay eventos oficiales de la Corona en curso, conviene chequear el calendario antes de ir; y el Salón de los Ciudadanos, con mapas del mundo tallados en el piso de mármol tal como se conocía en el siglo XVII, es la sala más impresionante del recorrido.