Descripción
Sus murallas, construidas por los moros entre los siglos VIII y IX, no siguen ningún trazado geométrico regular sino que serpentean exactamente sobre el filo natural de la sierra de granito, una técnica defensiva que aprovechaba el propio terreno como primera línea de protección, mucho antes de que existiera Portugal como reino independiente. En 1147, el mismo año y la misma campaña militar en que el primer rey portugués Afonso Henriques conquistó Lisboa a los moros, este castillo también cayó en manos cristianas, aunque a diferencia de otras fortalezas conquistadas, perdió rápidamente su relevancia militar y quedó prácticamente abandonado durante siglos, mientras la población se trasladaba a vivir al valle más accesible donde hoy está el centro histórico de Sintra. Fue el propio rey Fernando II, el mismo que construyó el Palacio de la Pena en la colina vecina, quien en el siglo XIX rescató estas ruinas del olvido total y las restauró deliberadamente como una ruina "pintoresca" al estilo romántico de la época, mezclando conservación real con cierta recreación estética pensada para complementar la vista desde su propio palacio. Caminar por sus murallas hoy, casi mil años después de su construcción, ofrece una vista simultánea del Palacio de la Pena, del centro de Sintra y, en días despejados, del océano Atlántico a la distancia. Consejos: el sendero sobre las murallas tiene tramos sin baranda y tramos empinados, no recomendado para quienes tengan vértigo o para niños sin supervisión constante; y se puede combinar en la misma visita con el Palacio de la Pena, están conectados por sendero a pie o por el bus turístico local.