Descripción
Esta colina lleva fortificada desde mucho antes de que existiera Portugal como país: hubo asentamientos desde la Edad del Hierro, y los romanos y visigodos ya reconocían su valor defensivo, pero fueron los moros quienes construyeron en el siglo XI el núcleo del castillo que hoy se conserva. En 1147, el primer rey de Portugal, Afonso Henriques, lo tomó tras un largo asedio durante la Reconquista cristiana de la península ibérica, con la ayuda decisiva de cruzados europeos que iban camino a Tierra Santa y se detuvieron en Lisboa para sumarse a la batalla, un episodio que consolidó a esta fortaleza como símbolo fundacional de la nación portuguesa. Durante siglos fue residencia real, hasta que los reyes se mudaron a un palacio más moderno y accesible en la parte baja de la ciudad, dejando el castillo con un uso cada vez más militar y en desuso hasta su restauración en el siglo XX. Hoy conviven en sus jardines varios pavos reales que caminan libremente entre los visitantes, una adición ornamental relativamente reciente que se convirtió en parte de la identidad informal del lugar. Desde sus murallas se obtiene la vista más alta y panorámica de toda la Baixa, el río Tajo y buena parte de la ciudad. Consejos: la entrada es paga y conviene reservarla online para evitar la fila en temporada alta; y el atardecer desde las murallas, con el sol cayendo sobre el Tajo, es uno de los momentos más fotografiados de Lisboa.