Revisado por Equipo Paraviajeros el 26/06/2026
Lisboa combina metro (4 líneas), tranvías históricos, funiculares, ascensores urbanos y buses en un sistema unificado bajo la tarjeta recargable Viva Viagem, imprescindible para cualquier visitante: se compra en máquinas de las estaciones (cuesta unos 50 céntimos la primera vez) y se recarga con saldo o con pases de día. Un viaje simple de metro o bus cuesta alrededor de 1,50€, pero el pase diario (Navegante Ocasional, unos 6,80€) sale a cuenta apenas se hacen 4 o más viajes en el día, algo muy común dado lo empinada que es la ciudad. Los tres funiculares históricos (Glória, Bica y Lavra) y el Elevador de Santa Justa están incluidos en el mismo sistema de tarifas del transporte público, aunque el ascensor de Santa Justa cobra un extra si se paga en efectivo en el momento en vez de con la tarjeta recargada. Dado el relieve de "siete colinas" de Lisboa, caminar todo el centro histórico sin ayuda de transporte puede ser agotador; combinar caminata con tranvías y funiculares en las subidas es la estrategia más habitual entre los propios lisboetas.
La Lisboa Card incluye transporte público ilimitado (24, 48 o 72 horas) más entrada gratuita o con descuento a la mayoría de los monumentos principales (Jerónimos, Torre de Belém, Castillo de San Jorge, Museo Nacional de Azulejo), y suele convenir a quien planea visitar varios sitios de pago en pocos días. Reservar entrada online para Torre de Belém y Jerónimos con horario asignado ahorra las filas más largas de la ciudad, sobre todo en temporada alta. Muchos museos municipales tienen entrada gratuita el primer domingo de mes hasta las 14 horas.
El pastel de nata, la pequeña tartaleta de crema con base hojaldrada, es el símbolo gastronómico más exportado de Portugal, y aunque hoy se consigue en toda la ciudad, la receta original registrada nació en el barrio de Belém, donde todavía se vende con la fórmula secreta de siempre. El bacalao tiene fama de tener "mil formas" distintas de prepararse en la cocina portuguesa, desde el bacalao a brás (desmenuzado con papas fritas finas y huevo) hasta el bacalao asado; y las sardinas a la parrilla son la comida callejera de verano por excelencia, sobre todo durante las fiestas populares de junio. El vino verde (vinho verde), un blanco joven y ligeramente burbujeante de la región norte del país, es una alternativa más económica y refrescante a los vinos tintos del Duero o del Alentejo. Y el ginjinha, un licor dulce de guindas que se toma en un shot pequeño (a veces servido en un vasito de chocolate comestible), es la bebida tradicional más asociada al centro histórico de Lisboa.
Lisboa es una ciudad de subidas y bajadas constantes, así que un calzado cómodo es más importante aquí que en la mayoría de las capitales europeas; los adoquines de calçada portuguesa, aunque hermosos, pueden ser resbaladizos con lluvia. El tranvía 28 y las zonas más turísticas (Baixa, Alfama, Rossio) concentran la mayor actividad de carteristas de la ciudad, mientras que el resto de Lisboa es considerablemente seguro para caminar incluso de noche. Portugal usa el euro, y a diferencia de otros destinos turísticos, la cultura de propina es más discreta: redondear la cuenta o dejar un 5-10% en restaurantes es bien recibido pero no obligatorio. El verano (julio-agosto) es la temporada más calurosa y concurrida; primavera y otoño ofrecen clima agradable con bastante menos turismo.
El pastel de nata mejor se come recién hecho y caliente. Propina 5–10%. Cafés baratos y excelentes.