Descripción
Con su aspecto macizo, casi de fortaleza, y sus dos torres almenadas, esta catedral románica del siglo XII refleja una época en que los templos importantes también debían servir como último refugio defensivo de la ciudad ante ataques, una función dual muy común en las catedrales fundacionales de la Reconquista ibérica. Se construyó en el punto más alto del casco histórico, sobre lo que había sido la acrópolis original de la ciudad romana y luego mora, una elección de ubicación que no era solo simbólica sino también estratégica para la vigilancia del río y sus accesos. En su interior, el claustro gótico del siglo XIV está decorado con paneles de azulejos del siglo XVIII que narran escenas del Cantar de los Cantares bíblico, uno de los conjuntos de azulejos religiosos más completos que se conservan en un claustro portugués. Un dato poco conocido: en esta misma catedral se casó en 1387 el rey Juan I de Portugal con Filipa de Lancaster, hija de Juan de Gante, un enlace que selló la alianza anglo-portuguesa —todavía hoy vigente y considerada el tratado diplomático activo más antiguo del mundo— y que además fue el matrimonio del que nació Enrique el Navegante, la figura clave que impulsaría décadas después toda la expansión marítima portuguesa. Consejos: el claustro con azulejos tiene entrada paga separada de la nave principal, que es gratuita; y desde la terraza superior de la catedral se obtiene una de las mejores vistas de la Torre de los Clérigos asomando entre los tejados.