Descripción
En el extremo opuesto de la exuberancia de los palacios de Sintra, este diminuto convento franciscano fundado en 1560 representa el voto de pobreza extrema llevado a su forma más literal: sus celdas monásticas, excavadas parcialmente en la roca de granito de la sierra, están forradas con corcho en vez de yeso o azulejo, una solución de aislamiento térmico tan pobre y artesanal que le valió al lugar el apodo popular de "Convento de Corcho". Durante siglos lo habitó apenas un puñado de monjes que vivían bajo reglas de austeridad tan estrictas que renunciaban incluso a comodidades mínimas que otros conventos contemplativos sí permitían, y el propio Lord Byron, tras visitarlo en su recorrido por Sintra a comienzos del siglo XIX, lo describió en sus escritos como un convento "diminuto" cavado literalmente en la piedra, uno de los primeros registros que ayudó a popularizar el lugar entre viajeros románticos europeos. Sus techos son tan bajos y sus puertas tan pequeñas que moverse por el interior obliga a agacharse constantemente, una experiencia física que transmite mejor que cualquier explicación la humildad radical con la que vivían sus monjes. El contraste entre este convento austero y los palacios ornamentados que lo rodean, todos dentro del mismo paisaje protegido de Sintra, resume bastante bien la diversidad de historias que conviven en esta sierra. Consejos: los techos y puertas son realmente muy bajos, hay que ir preparado para agacharse en varios tramos del recorrido; y al estar más alejado del centro que los demás palacios, recibe mucho menos turismo, ideal para quien busca un ritmo de visita más tranquilo.