Descripción
Durante mil años, este valle entre colinas fue el centro del mundo: acá se decidían las guerras, se coronaban los triunfos, hablaba Cicerón y ardió el cuerpo de Julio César — el punto exacto, en el templo que le dedicaron, sigue recibiendo flores dos mil años después. El Foro es hoy un campo de ruinas magnífico que pide imaginación y algo de guía (una app o visita guiada cambia la experiencia): la Via Sacra por donde desfilaban los generales victoriosos, el arco de Tito con el saqueo de Jerusalén tallado, la Curia donde sesionaba el Senado, la casa de las vestales con sus estatuas decapitadas, y las tres columnas elegantísimas del templo de Cástor y Pólux. Consejos: entra en la entrada combinada con el Coliseo y el Palatino; recorrelo temprano —no hay casi sombra y el sol de mediodía castiga—; y guardate el final para subir al Palatino, desde donde el Foro entero se ve a vista de pájaro. La panorámica gratuita desde la terraza del Campidoglio, detrás del ayuntamiento, es el mejor anticipo o despedida.