Descripción
Pese a llamarse "Laguna del Fuego", este lago de cráter formado tras una gran erupción en 1563 —uno de los más jóvenes de la isla de São Miguel— transmite todo lo contrario a su nombre: es uno de los rincones más silenciosos y mejor conservados de todo el archipiélago, protegido como reserva natural con acceso restringido a las orillas para preservar su ecosistema casi intacto de vegetación endémica. Su ubicación en el centro geográfico de la isla, rodeado de colinas verdes sin apenas construcciones a la vista, contrasta con la actividad geotérmica mucho más evidente de otros puntos volcánicos de São Miguel, como Furnas, dándole al lugar una sensación de calma que muchos visitantes describen como la más pura de toda la isla. Su altitud y su ubicación en el centro de la isla lo hacen especialmente vulnerable a la niebla, un fenómeno meteorológico habitual en las Azores que puede cubrir por completo el mirador en cuestión de minutos, dejando a los visitantes sin ninguna vista pese a haber subido hasta ahí, una frustración bastante común que conviene tener en cuenta al planificar la visita. Consejos: revisar el pronóstico del tiempo específico para la zona antes de subir, ya que la niebla puede arruinar completamente la visita sin previo aviso; y madrugar suele dar más chances de encontrar el cielo despejado antes de que se forme la niebla del mediodía.