Descripción
Construida en el año 532 bajo las órdenes del mismo emperador Justiniano I que ese mismo año encargó Santa Sofía, esta cisterna subterránea usó a unos 7.000 trabajadores esclavizados y 336 columnas de mármol reutilizadas de templos y edificios más antiguos ya en ruinas de todo el imperio, lo que explica por qué ninguna columna es exactamente igual a otra. En una esquina alejada, dos bases de columna están talladas con enormes cabezas de Medusa colocadas de costado y boca abajo: nadie sabe con certeza si fue solo para lograr la altura correcta de la columna o una manera deliberada de neutralizar simbólicamente su mirada petrificante de la mitología griega. Durante siglos, tras la conquista otomana, la cisterna cayó en el olvido total para la mayoría de la ciudad, hasta que un viajero francés del siglo XVI notó, intrigado, que algunos vecinos pescaban peces a través de agujeros en el piso de sus propios sótanos, y así se redescubrió su existencia. Alimentaba de agua al antiguo Gran Palacio bizantino y más tarde al Palacio de Topkapi. Consejos: la temperatura adentro es notablemente más fresca que en la calle, un respiro bienvenido en verano; y la iluminación tenue y la música ambiental la convierten en una de las visitas más atmosféricas y menos multitudinarias del casco histórico.