Revisado por Equipo Paraviajeros el 26/06/2026
Estambul es una ciudad enorme dividida por el Bósforo, así que moverse combina metro, tranvía, funicular, buses y, sobre todo, ferries: cruzar entre el lado europeo y el asiático en barco es parte normal de la rutina diaria, no solo una atracción turística. Todo el sistema se paga con la tarjeta Istanbulkart, una tarjeta recargable de contacto que se compra en máquinas de las estaciones y funciona en metro, tranvía, funicular, bus y ferries públicos, con un descuento notable en cada trasbordo dentro de un margen de tiempo. El tranvía T1 conecta directamente Sultanahmet (Santa Sofía, Mezquita Azul, Gran Bazar) con el puente de Gálata y Kabataş, cubriendo buena parte del circuito turístico principal sin necesidad de taxi. Los ferries públicos entre Eminönü, Karaköy, Kadıköy y Üsküdar cuestan lo mismo que un viaje de bus y ofrecen, de paso, la mejor vista posible del Bósforo por una fracción del precio de un crucero turístico.
El Museum Pass Istanbul incluye entrada a Santa Sofía, Topkapi (con o sin Harén), la Cisterna Basílica, la Iglesia de Cora y varios museos más durante 5 días, evitando además las filas de taquilla en la mayoría de ellos, algo que en temporada alta puede ahorrar horas de espera. Muchos de los grandes bazares y mezquitas activas (Mezquita Azul, Süleymaniye, Rüstem Pasha) son de entrada gratuita, así que conviene reservar el presupuesto de entradas para los palacios y museos con costo real. Reservar Topkapi y Dolmabahçe online con horario asignado evita las colas más largas del circuito turístico.
El kebab que se conoce en el resto del mundo es solo una fracción mínima de la cocina turca real: el köfte (albóndigas de carne especiada a la parrilla), el mezze (variedad de entrantes fríos y calientes para compartir) y el pescado fresco a la parrilla en los restaurantes del Bósforo son igual de centrales. El té negro (çay), servido en pequeños vasos con forma de tulipán, se ofrece constantemente en cualquier negocio, incluso durante una simple compra en el bazar, y rechazarlo rara vez se considera de mala educación pero aceptarlo forma parte del ritual social. El simit, un anillo de pan cubierto de sésamo que se vende en carritos por toda la ciudad, es el desayuno callejero más económico y más típico. Y el baklava y el lokum (delicia turca) son los dulces para llevar de vuelta, mejor comprados en confiterías tradicionales que en los puestos turísticos del Gran Bazar.
Turquía usa la lira turca (TRY), no el euro, y su fuerte devaluación de los últimos años hace que muchos precios turísticos, especialmente en alfombras y joyas, se cobren directamente en dólares o euros; conviene comparar siempre con el valor real en liras antes de aceptar un precio en moneda extranjera. El regateo es parte esperada de la compra en el Gran Bazar y el Bazar de las Especias, pero no en tiendas con precios fijos ni en restaurantes. Las mezquitas activas exigen hombros y rodillas cubiertos y descalzarse antes de entrar; las mujeres deben cubrirse la cabeza, aunque casi todas prestan pañuelos gratis en la puerta. Estambul es una ciudad segura para el turismo, pero conviene cuidarse de los clásicos intentos de estafa en zonas muy turísticas (limpiabotas que "accidentalmente" dejan caer el cepillo, invitaciones a bares con cuentas infladas).
Regatear en los bazares es habitual. Propina 10%. Quitar zapatos al entrar a mezquitas. Llevar ropa para cubrir hombros en templos.